
Siempre he pensado que el morado era mi color... De pequeña era mi color favorito. Mi madre siempre decía que solo vestía de ese color. Eres la niña de morado, decía. Era una exageración, aunque solo fuera porque era un color que no estaba de moda y por tanto no lo vendían en las tiendas. Pero sí, me encantaba ese color, y bueno, supongo que aún me gusta. Si tengo que elegir el color de una prenda, el morado gana. Aunque el otro día, fui un paso más allá. Ahora ya no sólo llevo el morado en las prendas de ropa, sino que también lo sufro en la piel…
Formas aleatorias del susodicho color emergieron en mi piel el otro día. Golpes, moretones, cardenales, contusiones, magulladuras, hematomas, moratones… de muchas maneras las pueden llamar. Él las puso allí y ahora yo, las tengo que llevar como la señal. La señal que me recuerda que se ha muerto mi alma. Él mató mi alma por no querer cambiar de canal. Ése es mi tormento. Ése es mi castigo. Ésa, mi penitencia. Pero yo, no la se llevar…
El otro día, mientras dormía, tuve un sueño.
“Soñé con mi alma. Era igual a mí cuando era pequeña. Llevaba un precioso vestidito blanco de tul. Con una sonrisa en su cara y con el pelo suelto cantaba mientras se balanceaba en el columpio. Quería llegar a la Luna, decía; y se impulsaba más y más. Sus lindas carcajadas ocultaban su canción. Naara, naara, naara, nara; naara, naara, naara, náa… Estaba preciosa. Estaba radiante. Era feliz.
De repente, empezó a llover. Las nubes cubrieron el cielo y un rayo cayó sobre el columpio. El sonido de un cristal rompió la calma. ¡Crashh! Esta vez, el cristal, sí que se rompió. ¡Ahh! El sonido de mil pedacitos al caer desgarró el silencio y los cristales mataron el sueño. Mi alma empezó a llorar. Lágrimas moradas resbalaban por su tierna cara... Su pulcro vestido, ahora mojado, se llenó de manchas de tinta morada. Toda ella estaba empapada de gotas de ese color. Y sin dejar de llorar, mi alma solo podía repetir… ¡Yo solo quería saltar...! y llegar al cielo. ¿Que daño le he hecho yo a nadie? ¿Y qué mal...?”
¿Y qué mal…? ¿Y qué mal…? ¿Y qué mal…? El eco de sus palabras retumbaba en mi mente al despertar. Todos los días me despierto sabiendo que mi alma ya no está. Me despierto y me acuesto. Vivo sin vivir, pululando por la vida. Quiero correr, escapar, huir… pero mis pies están pegados al suelo. No me puedo mover. Quiero abandonar, pero la vida me tiene aquí encadenada. Trato de olvidar, pero al ver el morado en mi piel se desgarra mi corazón. Deambulo como un alma errante por la vida, muriendo sin poder morir, dejando pasar los minutos hasta que alcanzo el momento de llegar a casa.
Para la gente su casa es su morada, su refugio, su hogar… Pero no para mí. Mi casa es mi calvario. Allí no sé vivir. Al pasar por la puerta la imagen del morado se fija en mi mente y el desasosiego me invade. Allí empezó todo. Rezo todos los días para que no llegue allí a su fin. Sé que eso significaría el final de mí misma porque sé que no puede ir a mejor. La melancolía invade mi ser cuando miro mi cuerpo. Ya no me duelen los morados, pero su huella sigue ahí. La gente ya no los puede ver, pero mi instinto me reconstruye su imagen para no olvidar, y eso es suficiente.
Mi corazón se encoge, recuerda su mitad, su alma. Esa alma que me arrebató con su agresión y que ya no me van a devolver. Cada paso que doy es un tormento. Me levanto por la noche, voy sigilosa, sin hacer ruido, no me lo quiero encontrar, pero… ¡Un ruido! ¡Una sombra…! ¡Es él! ¡No sé que hacer! Me arrincono en una esquina, así no me verá…, pienso. Y claro que no me ve. No era él. No era más que otro de los fantasmas que me torturan, que me mortifican, que me… ¡Ahh! Que no me dejan descansar, pues el susurro de sus voces me recuerda la noche en que se murió mi alma. En que mataron mi vida, y a mí me dejaron aquí, sola. Sola. Sola…
Yo quisiera enterrarlo todo en el olvido... pero no puedo. Pues traspaso el umbral del hogar y me encuentro sola. Ahora siempre estoy sola, aunque me encuentre rodeada de gente. El susurro del silencio es mi único acompañante, pero no me hace compañía.
Por lo tanto,
ahora no sé si el morado está en la piel, o en el corazón...
3 comentarios:
Me gusta el morado :)
El Morado es bonito n____n
http://estherlinceiberico.blogspot.com/2007/03/morado.html
Hell, guys and Formula 1: Morado
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